Author Topic: En la guerra contra las drogas, los bancos están donde hay dinero  (Read 1141 times)

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Los grandes prestamistas enfrentan muy pocas consecuencias por violar las leyes contra el lavado de dinero

Citigroup, JP Morgan Chase & Co., Wachovia (adquirido por Wells Fargo en 2009), HSBC Holdings, ING Bank, Standard Chartered, American Express Bank International, y muchos otros, tienen un vínculo común además de estar en el ranking entre los bancos más grandes del mundo.


En los últimos cinco años (y varios este año), todos han sido acusados de no cumplir las leyes estadounidenses contra el lavado de dinero -por tanto permitiendo en conjunto que cientos de miles de millones de dólares obtenidos en transacciones sospechosas circulen a través del sistema bancario con la ausencia de un adecuado seguimiento o supervisión.

Sin embargo, ninguno de estos bancos, ni ninguno de sus principales ejecutivos, ha sido castigado con sanciones penales.

Todos, con la excepción del británico HSBC (que sigue estando bajo investigación), han acordado pagar multas por sus supuestas transgresiones después de haber recibido órdenes de suspensión o que han negociado pactos de procesos diferidos -en virtud del cual un prestamista se compromete a pagar una multa y cumplir la ley a cambio de retirar todos los cargos al final del período de supervisión gubernamental específico.

Pero repito, ningún banco ha sido procesado por un delito, ni a ninguno de sus ejecutivos le han puesto las esposas delante de los medios de comunicación.

Imagínese si usted o yo fuéramos detenidos por la policía mientras lleváramos 10 mil dólares en la cajuela que estuvieran relacionadas con personas involucradas en actividades ilegales, como el narcotráfico. ¿Cuáles son las probabilidades de que nos dejaran ir con solo una multa de tráfico?

Eso es básicamente lo que sucede en estos casos que involucran a los grandes bancos, quienes están alquilando sus sistemas de transportación de dinero a los criminales, mientras los directivos banqueros aducen ignorancia: “Yo no sabía que el dinero estaba en la cajuela. Voy a tener que verlo.”

Ahora, si tomamos esos mismos 10 mil dólares, o incluso millones de dólares, y lo metemos dentro de un auto blindado contratado por el banco, repentinamente el dinero sucio se convierten en parte del comercio legítimo, y probablemente lleven escolta policial, en lugar de ser sometidos a una inspección policial.

“Todo delito financiero tiene un componente de lavado de dinero”, dice Charles A. Intriago, presidente de la Asociación de Especialistas Certificados en Delitos Financieros con sede en Miami. “... Si eres un individuo, y te atrapan, estás perdido.

“Pero si eres un banco grande, y te atrapan moviendo el dinero de un terrorista o narcotraficante, no te preocupes. Solamente desembolsarás una sanción monetaria, y luego subirás tus tarifas para recuperarla.

“Hasta que no veamos a los banqueros caminando con esposas en las mansos para enfrentar los cargos, nada va a cambiar”, añade Intriago. “Estas multas son sólo un costo de hacer negocios con ellos, como pagar por un nuevo avión corporativo.”

El sistema roto

El sistema financiero global es increíblemente complejo y capaz de mover miles de millones de dólares en muchas direcciones, a través de múltiples fronteras, con el sólo hecho de apretar un botón en esta era digital, dificultando que los bancos realmente conozcan a sus clientes en todos los casos.

Sin embargo, la ley demanda que lo hagan, y que tengan los sistemas adecuados para impedir el lavado de dinero.

Desde la perspectiva regulatoria, sospechar que una transacción es sucia no es lo mismo que probarlo.

Los crímenes financieros, por su composición, son difíciles de rastrear e involucran una considerable suma de recursos policiales para investigarlos y procesarlos.

Bryan Hubbard, vocero de la la Oficina de la Contraloría Financiera (OCC, por sus siglas en inglés), la cual regula a los bancos nacionales, al ser entrevistado por Narco News, insistió que su oficina está a cargo de supervisar un amplio margen de asuntos legales y regulatorioas, y tiene un número de acciones de supervisión y control considerable en la actualidad, pero que no pone una “atención especial” en el lavado de dinero -sin embargo, agrega, la OCC está comprometida en aplicar las leyes contra el lavado de dinero.

Dadas las condiciones de los escasos recursos, las leyes contra el lavado de dinero dependen en gran medida en hacer que los bancos sean sus propios policías -al asegurar que los informes  por actividades sospechosas sean presentados con regulaciones cuando las transacciones excedan ciertos umbrales  o que los departamentos de cumplimiento tengan al personal y al sistema adecuado.

Sin embargo, el problema es que hay muchos hoyos en el sistema, en gran medida debido  a la poca estricta supervisión de reguladores sobrecargados de trabajo o incluso incompetentes -con el problema adicional que muchos de esos reguladores ven a los prestamistas que regulan como futuros empleadores.

Por ejemplo, esta el caso de HSBC (que actualmente es sujeto a una investigación en el Senado estadounidense sobre  supuestas actividades de lavado de dinero).

Uno de los antiguos altos funcionarios de la oficina de cumplimiento del subsidiario del prestamista estadounidense (llamado HBUS) previamente trabajó como investigador de OCC, según los registros del Senado de los EEUU.

Además, dos de los ex directores Anti Lavado de Dinero de HBUS habían trabajado anteriormente para el gobierno de los EEUU -uno como procurador federal y el otro como funcionario del Tesoro de los Estados Unidos.

Y, de igual forma, existen problemas similares en las relaciones de poder dentro de los departamentos de cumplimiento de los bancos, cuyos empleados pueden poner en riesgo millones de dólares de los ingresos si prestan mucha atención a las sospechas de lavado de dinero, con el inconveniente de que si las sospechas son equivocadas, pueden correr el riesgo de enojar a los poderosos clientes del banco así como a sus  jefes.

Es ese ciclo de desincentivos lo que le facilita a los pillos irse con la suya, ya que, el riesgo de que un banco sea atrapado violando leyes contra el lavado de dinero simplemente no es superior a los beneficios de mirar para otro lado.

En agosto pasado, Standard Chatered aceptó pagar una multa de 340 millones dólares para quitarse de encima a un regulador de bancos de Nueva York luego de que el prestamista británico fuera acusado de ocultar miles de millones de dólares en transacciones relacionadas con intereses iraníes, en violación a leyes estadounidenses.

“Esa multa de 340 millones de dólares representó sólo el 4.5 por ciento de las ganancias de Standard Chartered en 2011,” señala Intriago. “Ese dinero no es nada para el banco.”

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